Prólogo: algunas claves útiles
para mejor colaborar con
Cartas de amor y de guerra.

Antes de concretar una relación de amistad y colaboración con este proyecto, es casi obligado conocer algunas de sus características menos visibles.


Realidad y ficción
en Cartas de amor y de guerra

Para empezar queremos despejar la posible duda que puede propiciar el juego de identidades y la ambigüedad con que presentamos el tema de la autoría de esta obra. En ese sentido, antes de hacerse amigo del proyecto es importante que no quepa duda sobre el hecho de que la web Cartas de amor y de guerra es una obra de ficción y, por tanto, Adèle du Lac y Bruno Camino son dos personajes producto de la propia ficción.

No obstante nos gustaría solicitar a quienes a través de esta carta-prólogo acceden a la certidumbre de que Cartas de amor y de guerra es enteramente una obra de ficción, a que colaboren a sostener la ambigüedad que hace que Adèle y Bruno puedan ser sentidos como reales.

En cualquier caso, la confirmación de que Adèle y Bruno son personajes de ficción que representan el papel de autores y narradores de las historias que se cuentan en Cartas de amor y de guerra, no debería distraer de otro hecho que es importante resaltar aquí: para abordar los temas y construir los distintos relatos que se despliegan desde la correspondencia audiovisual imaginaria de Adèle du Lac y Bruno Camino, quienes trabajamos en la sala de máquinas de su ficción nos inspiramos fundamentalmente en historias verdaderas que documentamos con minuciosidad.

Detrás de la mayoría de las historias que se cuentan Adèle y Bruno, como es el caso de la historia del piloto Claude Eatherly o la del bombardeo de Dresde, ambas incluidas en la entrega titulada Tras las huellas del amigo perdido, hay un serio trabajo de documentación. En su vertiente más socio-política e histórica, esta obra se apoya en cientos de fuentes y estudios. Baste señalar que la video-biblioteca del proyecto Cartas de amor y de guerra acumula a día de hoy unos cuatro mil volúmenes —no en vano la obra trata de ser también un homenaje al mundo del libro—.

Uno de los trabajos que tenemos pendiente y para el que buscamos voluntarios que nos ayuden, es el de la ordenación y el listado de sus referencias video-bibliográficas así como en la medida de lo posible también el acceso a las fuentes originales, de forma que sea posible abrirlas a pública consulta en uno de los apartados de esta web.

A este respecto, otro de los frentes donde quienes se hagan amigos del proyecto pueden colaborar es justamente en el de ayudarnos a rastrear nuevas informaciones y datos que permitan sustentar lo mejor posible la veracidad de las historias que planeamos introducir en futuras entregas de Cartas de amor y de guerra . En ese sentido, La guerra contra los indios, próxima entrega de la correspondencia audiovisual de Adéle du Lac y Bruno Camino —ahora en fase de preproducción—, exige una ingente labor de investigación a la que está invitado a colaborar cualquiera que lo desee. Por su parte, la fase de concepción y documentación para otras entregas está en vía de progreso. Se trata de entregas cuya deriva está prevista que transcurra a través de Brasil, China, Argentina, India, Rusia, Yemen, México, Somalia, Congo y Nigeria. Otro de los frentes en los que se nos puede ayudar es el de ir recabando contactos y apoyos de todo tipo en esas áreas geográficas en las que se filmarían materiales en los próximos años.

Máscaras inuit

En esta web hemos dibujado conscientemente un juego de máscaras, para más señas todas inuit —palabra con la que se nombran a sí mismos los que comúnmente llamamos esquimales; su significado es nosotros, la gente—. Esas máscaras pretenden ser un signo que ayude a sugerir la autoría común y voluntariamente anónima de quienes, con trabajos de muy distinta naturaleza, hacemos posible que estas historias y sus personajes existan en la imaginación de sus, valga el neologismo, especta-lectores.

El despliegue de antiguas máscaras inuit en estas páginas no es ornamental. No en vano las ejemplares culturas de los pueblos del Ártico tienen una fuerte presencia en algunas de las historias que se cuentan Adèle y Bruno. De hecho, tenemos en fase de preparación dos viajes al norte de Alaska y Canadá para filmar algunos materiales para la entrega La guerra contra los indios.

A propósito de esto, es oportuno señalar que los amigos del proyecto tendrán acceso privado a los sucesivos borradores de montaje que ya se han avanzado sobre algunas de las secuencias de esa entrega. Los amigos colaboradores del proyecto son invitados al debate sobre las posibles mejoras que sea factibles introducir en esas secuencias. Aprovechamos también para resaltar que los amigos del proyecto recibirán noticia periódica del avance de los distintos frentes de trabajo de Cartas de amor y de guerra .

Dado que la influencia de la pesquisa sobre las culturas inuit que venimos desarrollando desde hace varios años ha influido decisivamente en la apuesta por enmascararnos y dado también que la imagen que se suele tener de los esquimales es a menudo un estereotipo que está lejos de hacerles justicia, quizás merezca la pena abrir aquí una digresión que ayude a contextualizar otros sentidos que conlleva el uso de máscaras inuit en nuestras páginas como signo con que alentar una reflexión sobre el tema de la autoría y sobre el hoy muy polémico tema de los derechos de autor. Además, como ya hemos aclarado, una parte de la trama de Cartas de amor y de guerra se encamina en estos momentos hacia el Gran Norte, os avanzamos pues parte de nuestras intenciones.

Antes de la llegada de la civilización impuesta por el hombre blanco, cada individuo de cada comunidad inuit era por naturaleza un contador de historias. Nadie era considerado como autor ni pretendía reivindicarse como tal. Los inuit no manejaban ese concepto, como tampoco el de artista: lo que nosotros llamamos arte para ellos es algo consustancial a la vida, a la naturaleza, algo que no precisa ser separado, nombrado aparte. Hasta los mismos albores del pasado siglo XX, cuando la llegada del colonialismo civilizador arrasaría con su forma de vida, durante más de cinco mil años las historias que los inuit contaban siempre se sentían como hechas entre todos. Por tanto, a todos pertenecían.

Sin ese profundo sentido colectivo que abarcaba muchos otros órdenes de sus vidas, las culturas inuit nunca hubiesen conseguido sobrevivir durante milenios en uno de los medios naturales más hostiles a la vida que hay en nuestro planeta. Quizás no exista otro pueblo del pasado que mejor haya sabido combinar un profundo respeto por la individualidad y el derecho a la libertad de cada persona, con un fuerte sentido colectivo y unos profundos lazos de solidaridad permanente entre sus congéneres. Los inuit, pueblos fundamentalmente alegres y que prácticamente desconocían la guerra, sobrevivieron durante miles de años gracias a la coherencia con que su sistema de valores hilaba las dos caras de una misma verdad milenaria, esa que quizás más humanos nos hace a los seres humanos: cuidar a los otros es cuidarse, cuidarse es cuidar a los otros.

Volviendo a las máscaras, su extraordinaria variedad y creatividad expresa bien la libertad y la alegría con que estos pueblos supieron hacer frente al más agreste de los entornos. Es sabido que el talento creativo esquimal, muy en particular gracias a las máscaras que se trajeron los exploradores del Ártico —para gran negocio de los anticuarios—, cautivó a André Breton, por extensión al influyente movimiento surrealista, e inspiró a numerosos artistas plásticos de las vanguardias de principios de siglo XX. Artistas cuyas obras hoy se inmortalizan en los más importantes museos de arte moderno de Occidente y, ojo a la ironía, cuelgan ostentosamente de las paredes de las sedes centrales de grandes bancos o en las mansiones de multimillonarios estadounidenses, europeos, chinos, japoneses o indios. En ocasiones, y esto ya es sí una auténtica perversidad, junto a antiguas máscaras inuit.

La voz y los cuerpos danzantes que daban vida a esas máscaras en festivos rituales comunitarios, dibujaban historias míticas sobre una realidad plagada de peligros y un trasfondo a menudo en extremo truculento: un horror implícito a la crueldad con que la naturaleza ártica puede llegar a atacar a la vida. Hasta la llegada de las primeras misiones católicas —siniestramente exitosas a la hora de convertir a los pueblos inuit—, al miedo se le combatía con alegría y con el ejercicio de lo que se puede considerar una auténtica pasión esquimal: la risa. Que es también decir el amor: hacer el amor, en muchas lenguas inuit se dice reírnos juntos.

Concluyendo la digresión sobre los inuit, sus máscaras son pues para nosotros un valioso símbolo y a la vez fuente de inspiración permanente para nuestra puesta en escena y nuestro arriesgado método de trabajo.

Y en lo que se refiere a quienes deseen concretar su amistad mandándonos el cuestionario para Hacerse amigo, debemos aclarar que convertirse en colaborador activo del colectivo que mantiene con vida a Cartas de amor y de guerra , supone pasar al otro lado de la máscara, e implica la aceptación de un compromiso: el de respetar el deseo de discreción sobre nuestros nombres reales. Por descontado, en el otro lado de la máscara todos usamos nuestros nombres legales y nuestros encuentros físicos son a cara descubierta; valga recordar que, aunque coordinar trabajo en la distancia es una de nuestras especialidades, siempre que sea oportuno se propiciará el encuentro directo entre los colaboradores y el equipo coordinador fijo de Cartas de amor y de guerra .

La financiación de Cartas de amor y de guerra

Creemos también importante recordar en esta carta-prólogo que la infraestructura y los medios económicos de Ediciones del Caracol son muy pequeños en comparación con los numerosos frentes de trabajo que exige mantener viva una obra de la ambición formal y temática de Cartas de amor y de guerra . No hay que descuidar tampoco el hecho de que este proyecto no cuenta ni ha contado con el apoyo de ninguna subvención pública. Una vez consumidos todos los ahorros que los promotores principales del proyecto hemos puesto durante los casi diez años de trabajo que ha costado comenzar a difundir al público esta web con una primera entrega de la correspondencia audiovisual de Adèle du Lac y Bruno Camino, su progreso futuro —es decir la producción y difusión de nuevas entregas—, depende casi por completo de los colaboradores voluntarios y, aún más, de que quienes tras visitar la web, antes de salir dejen en el sombrero alguna aportación económica de carácter voluntario, sin importar que sean tan sólo unas pocas monedas que traduzcan un posible provecho que se haya podido sacar al atender a las historias que se cuentan en Cartas de amor y de guerra .

Como a cualquiera se le puede hacer de sobra evidente, a un proyecto de esta naturaleza no le faltan los gastos de todo tipo. En otro espacio de esta web ya se aclara que este es un proyecto no lucrativo cuyos ingresos se destinan exclusivamente al pago de los trabajos más especializados, los costos de los servidores y otros gastos de intendencia.

Desafortunadamente, las aportaciones que hemos recibido hasta ahora no alcanzan para pagar más que una exigua parte de los gastos que se acumulan. En ese sentido, cualquiera que piense que puede colaborar a abrir nuevas vías de financiación para seguir inoculando nueva vida en Adèle y Bruno, que no deje de indicarlo en el espacio de Sugerencias del cuestionario para Hacerse amigo.

Hacerse amigo/a. Cómo colaborar
y qué esperar de la relación

La primera aclaración que queremos hacer en este punto es que, dada nuestra pequeña infraestructura, dependiendo de la fase de producción en la que nos encontremos en el momento en que nos hagas llegar ese cuestionario con el que se manifiesta el deseo de colaborar con nuestro equipo, puede que tardemos más o menos tiempo en buscarte para tratar de concretar tu colaboración en sinergia con la de otros miembros del equipo.

Las fases de rodaje o de montaje, por ejemplo, nos exigen una total concentración y nos impiden atender con la debida diligencia a otros frentes administrativos del proyecto, por lo que si tu contacto coincide con uno de esos momentos puede que lleguen a pasar unas semanas hasta que recibas noticias nuestras. De darse el caso, confiamos en tu paciencia y en tu comprensión.

En cuanto al tema quizás más importante —tu papel como amigo-colaborador de Cartas de amor y de guerra —, ya hemos ido indicando a lo largo de este escrito algunas formas en las que se puede concretar la relación de amistad con el proyecto. Es importante recordar que hay pequeñas tareas de intendencia o secretaría para las que puede estar al alcance de cualquiera echar una mano.

Te comentamos a continuación otros frentes, algunos más especializados, en los que estamos faltos de colaboradores.

Documentación y apoyo logístico. Rodajes
internacionales. Echar una mano.

Uno de los frentes en el que más colaboradores necesitamos es el de la gestión del trabajo de documentación y las necesidades de apoyo logístico que conlleva seguir desarrollando las nuevas entregas de la correspondencia audiovisual de Adèle y Bruno. No hay que olvidar que se trata de una producción particularmente complicada de sacar adelante pues su argumento se desarrolla en distintos países de los cinco continentes. Por ejemplo, en los momentos en que redactamos esta carta-prólogo, trabajamos en la preparación de un rodaje de varias semanas de duración en el desierto del Estado estadounidense de Nevada y en el norte de Alaska y Canadá. Quien tenga amigos en las proximidades de esas áreas geográficas que pudiesen estar abiertos a echarnos una mano, que no deje de hacerles llegar noticia de esta web y de nuestra forma de trabajar.

Traducciones y mantenimiento web.
Lenguas que unen.

Otro frente con fuerte demanda de colaboradores en la presente fase del proyecto es el de traducciones y mantenimiento y actualización de las webs en distintos idiomas. Es inminente el lanzamiento de la versión inglesa y necesitamos ahora colaboradores para las versiones en portugués, francés y alemán.

También están en proyecto para los años 2011/2012 versiones en chino, ruso e hindi, así como en las distintas lenguas autonómicas del territorio español. Cualquier colaboración que pueda ayudar en alguna de estas lenguas —u otras no mencionadas aquí—, sería de gran valor.

Difusión del proyecto. Pasa la voz.

El frente más urgente en estos momentos es sin duda el de las iniciativas de nuestros colaboradores que se puedan considerar un apoyo para difundir el proyecto, tanto en países de habla hispana como, en breve, en países de habla inglesa.

En ese sentido, la ayuda más inmediata que ya podrías darle a Cartas de amor y de guerra como amiga/o recién llegada/o, sería la de difundir la web por tu propia iniciativa entre quienes pienses que puedan encontrar en ella algo de su interés. Difundirla ya sea dentro del círculo próximo de amigos y conocidos, por medio de tus redes sociales o a través de la relación con alguna asociación, organismo, centro educativo o red profesional que pudiese estar en la disposición de ayudar a difundir la obra, por ejemplo ofreciendo entre sus afiliados de forma gratuita proyecciones de la película con la primera entrega. En particular los colectivos que incluyen en su perfil una convicción pacifista puede que encuentren apropiado el uso de esta obra como herramienta de denuncia.

Antes de dar por terminada esta carta-prólogo, queremos agradecerte que estés considerando la posibilidad de hacerte colaborador/a de Cartas de amor y de guerra . Si al finalizar la lectura te decides a seguir adelante, sólo tienes que rellenar y hacernos llegar el cuestionario para hacerse amigo.